5. EL TEMOR
Hay mucho temor guardado en tu inconsciente. Tu mente ha venido alimentándose de una gran dosis de temor. Cuando eras pequeño te asustaban con personas que robaban niños o con monstruos, te asustaban con demonios o con fantasmas. Un poco más grande te asustaron con las cosas que pasan en la vida. Con las drogas, con las enfermedades, con la policía, con todo aquello que podía detener tu tendencia normal a experimentar fuera de los límites establecidos por la sociedad.
Tal vez ahora de grande, tus mayores temores sean cómo educar a tus hijos para que no se pierdan en el camino, cómo guiarlos ahora que los sientes un poco descarriados. Tal vez ahora comprendas por qué tus padres te educaron infundiéndote temor. La misma impotencia que sientes al no poder controlar el crecimiento de tus hijos, es la misma impotencia que ellos sintieron tratando de educarte a ti.
Y el temor es el arma más efectiva para controlar una vida. Y ese temor ha crecido contigo. Ahora lo ves real. Son tus fantasmas nocturnos. Son los que aparecen cada vez que tus seres queridos se tardan más de la cuenta en llegar a tu casa. Son los mismos que cruzan por tu mente cuando te preguntas qué pasará con tu hija o tu hijo cuando crezcan. ¿Llegarán a estar bien cuando tú no estés cerca? Son esos fantasmas los que te impiden cruzar las líneas que te marcaron tus mentores espirituales. Esos son los muertos vivientes que te atormentan porque tú les diste cabida en tu mente y no los has expulsado.
El temor es el más grande enemigo de la humanidad. Y el arma de los que te controlan. La iglesia te controla con el temor. El gobierno te controla con el temor. Tus hijos o tus padres te controlan con el temor. Tus jefes o tus empleados te controlan por el temor. Y las noticias de la televisión o del periódico te atrapan por el temor. Es el temor y sólo el temor el gran enemigo de la libertad. Por eso hoy te digo que al temor se le vence actuando.
¿Quieres aprender a vivir libre de temores? Aprende de tus niños. Obsérvalos cuidadosamente. Ellos viven en libertad. Haz la prueba un día, un solo día. Obsérvalos sin decirles “No”, déjalos que actúen. Observa cómo enfrentan la vida. Obsérvalos cómo actúan para aprender mientras se divierten. Su vida es eterna diversión, está en su naturaleza divertirse y aprender. Ellos saben lo que hacen porque están siguiendo sus impulsos naturales, todavía no están contaminados por el temor. Han sido dotados por la propia naturaleza de un sentido común que los protege de algunos peligros, por supuesto que no de todos, pero ellos viven felices mientras aprenden.
Ni se angustian por lo que pasará mañana, ni sienten remordimiento por cosas que hicieron ayer. Viven su presente. En cambio tú. Te han enseñado que debes planear tu vida para evitar que te vaya a pasar tal o cuál tragedia. Tienes que planear tu futuro, decidirlo, angustiarte porque debes resolver las cosas antes de que ocurran. Y también has aprendido que debes repasar tus equivocaciones para que puedas sufrir nuevamente y experimentar el dolor de haberte equivocado cada vez que te sea posible. Tal vez nadie te lo haya enseñado exactamente con estas palabras, pero lo haces frecuentemente.
Tu mente se la pasa viajando entre el pasado que no puedes cambiar y el futuro que no ha llegado… sólo para sufrir. Todo esto mientras el presente se te escapa de las manos perdiendo la oportunidad de aprender las lecciones que están pasando frente a ti. Haz una contabilidad de todos tus temores. Anótalos en papeles separados. Descríbelos cuidadosamente sin extenderte mucho. Cuando ya los tengas todos. Sal al aire libre, donde haya un poco de sol y hazte las siguientes preguntas.
a. ¿Es racional este temor? ¿Realmente puede ocurrir? Si la respuesta es si. Hazte ahora la siguiente pregunta.
b. ¿Qué haría si esto pasara?
c. Una vez que te contestes, pasa al siguiente papelito.
Continúa con todos ellos hasta terminarlos. Ahora sabes lo que harías si ocurriera cada uno de tus temores más grandes. Pregúntate: ¿Se terminó el temor? Pues ahora ya tienes respuestas para cada uno de ellos. Si, como supongo, los temores no se han terminado acabas de descubrir la verdadera naturaleza del temor. El temor no se vence razonando.
A una persona no la puedes convencer de que temer es algo irracional. Por eso te digo que al temor se le vence actuando. Si tienes miedo de hacer algo, hazlo. Sólo así podrás vencerlo. De la misma manera como venciste el temor a ahogarte mientras aprendías a nadar, o el temor a chocar mientras aprendías a conducir un auto, o el temor a caerte mientras aprendías a patinar. Al temor se le vence actuando.
Ahora te digo. Medita. Medita. Medita. No tengas miedo de no recibir resultados o de que lo que recibas esté fuera de contexto. No tengas miedo de ti. Hazlo. Cierra tus ojos, o contempla una puesta de sol, pon música o incienso, entra en una iglesia o acomódate en tu sillón favorito, pero medita. Habla con tu alma. Ella te está esperando. El Universo entero sabe que algún día tu alma te llamará y tú responderás. Es un evento que está marcado en tu ADN espiritual. Es parte del crecimiento que tendrás en el futuro. No pospongas algo que sientes venir.
Yo sólo soy el que te está recordando tu camino. Tú sentiste el llamado. Tú preguntaste qué debías hacer. Ahora te estoy contestando. El temor sólo es un arma que todos los seres humanos han usado para proteger a la especie para su supervivencia. El temor tiene esa función, pero no dejes que se vuelva tu carcelero. ¡Libérate!


roberto
1 sep 2007 | 12:39 AM
Me agrada saber que existen personas aun en el mundo.