2. ACTOR O PERSONAJE
Vives en un teatro. Estás actuando tu propia obra. Pero lo haces sin estar consciente. Y cuando estás con tus amigos ellos te fuerzan a que actúes de acuerdo a sus obras, ellos ya te asignaron un papel. Para ellos tú puedes ser el que los divierte, el que los regaña, la más atrevida, o la más cautelosa. Estás en sus obras jugando un papel que ellos te colgaron… y tú lo aceptaste.
Pero luego la vida te coloca con tu familia. Y ahí juegas otro rol. Uno diferente. Pero es un rol que cada uno de ellos considera tuyo. Ellos te lo asignaron. Tal vez seas la salvadora, tal vez seas el que provee el sustento, tal vez el que llama a la cordura o el que castiga. Cualquiera que sea el rol que juegas… tú lo aceptaste. Lo has venido jugando desde hace años.
Y tal vez… no desees hacerlo ya más. Pero no sabes cómo cambiarlo. Porque tú crees que eres el personaje, y un personaje no tiene poder en la obra, el personaje actúa de acuerdo al libreto que el escritor decidió. Cuando te sientes personaje en una obra ajena eres tan sólo un títere sin decisión, condenado a seguir un libreto ajeno. Pero cuando tomas conciencia de que sólo tú decides en qué obra actuar, cuando retomas el control de tu vida. Empiezas a escribir tu propia obra y decides en cuáles otras obras actuar. Es cuando llegan los rompimientos: de relaciones, de promesas sin sentido, de compromisos esclavizantes, rompimientos con el pasado.
Es probable que termines muy lastimado, es probable que el corazón te duela mucho… pero muy en lo profundo… empiezas a saborear el dulce sentimiento de la libertad. Por años sentiste que era importante que todos pensaran que tú eras una persona agradable o valiosa, que pensaran que eras inteligente y trabajadora, alguien responsable, digna de confianza. Eso te llevó a esforzarte más de la cuenta. Tal vez lo lograste, conseguiste una posición respetable para todos, o tal vez todavía sigues intentándolo. Pero hoy te digo… tú ya eres importante.
Y no necesitas que alguien más te lo diga. No necesitas actuar de acuerdo a las obras que los demás te imponen sólo para conseguir su aprobación. No necesitas, que una iglesia te salve, no necesitas que un hombre te ame o que una mujer te respete, no necesitas que tus hijos te teman o que el jefe te admire. No necesitas actuar en los papeles que a otros les gustaría verte. Eres libre. Eres actor o actriz. No eres un personaje encadenado.
Primero necesitas darte cuenta de esto. Saborear ese aire de libertad de poder decidir cómo actuar. Ver hacia atrás y recordar cuántas veces has tenido que sufrir para mantener ese rol que te asignaron. Darte cuenta que no por ser la mamá, estás condenada a ser la supermujer que resuelve todo en la familia, o el superpapá que nunca descansa. No por ser el hijo mayor debes cuidar de todos tus hermanos, o por ser el que trabaja debes sostener a todos los que no lo hacen. Siente la libertad de poder decidir el rumbo que seguirán tus acciones. Naciste libre… pero te encadenaron.
La vida es un teatro donde sobran los papeles y abundan los directores que te persiguen para contratarte. Te cuelgan los roles sin que tú se los pidas y después te acusan de ser mal actor, porque no actuaste como ellos esperaban que lo hicieras. Te tachan de ser mal amigo, mal hijo, mala esposa, mamá enojona, etcétera… detrás de cada calificativo que te ganas, está un rol que alguien te asignó sin que tú lo supieras. Y esos calificativos… te preocupan.
Y entonces, modificas tu comportamiento… buscas ajustarte al rol que te reclaman. Ya no quieres oír que eres mal actor. Y empiezas a ser un poquito esclavo. Vendiste tu libertad, a cambio de un piropo, de una sonrisa, de un “te quiero”. Y eso está bien…Siempre y cuando lo hayas hecho consciente.
No hay nada malo en querer ser la persona ideal para el otro. Siempre y cuando se haga consciente. Hay esclavitud cuando se entrega la libertad de manera inconsciente y después se sufre por estar encadenado sin saber como librarse. Hay entrega y crecimiento, cuando la persona por amor o por servicio actúa conscientemente de acuerdo a lo que otra persona necesita. En el primer caso es el personaje el que sufre… en el segundo es el actor el que triunfa.
Piensa y piensa mucho. ¿Cuántos roles juegas en tu vida que te están haciendo sufrir? ¿Cuántos disfrutas? ¿Cuántos tomaste conscientemente y cuántos los heredaste o te los asignaron sin preguntarte? En las respuestas y las decisiones que tomes de aquí en adelante puede estar tu libertad.


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