9. EL REGALO

Este es tu regalo: Hace millones de años una luz bajó de los cielos. Era una luz maravillosa. Bella y pura, pura y bella. Había nacido del decreto mismo de Dios. Ese decreto del que habían nacido todas las cosas. Un Fiat Lux [4] poderoso que había partido en dos al Universo entero. Una majestosa lluvia de colores apareció de pronto en medio de la oscuridad que envolvía a todo lo que había… aunque ese todo no era nada.

Era la primera palabra pronunciada en el Universo. Y de esa palabra surgió la luz. Una luz que primero apareció completa, blanca, majestuosa, pero que muy pronto empezó a tomar colores y formas y sonidos. Las luces se separaron, se volvieron multicolores, danzaron con música celestial en torno al que las había convocado. Era una majestuosa fiesta de colores y sonidos que sólo podía disfrutar Aquél que la había creado.

Pero el Universo esperaba. Sólo era un rincón el que estaba de fiesta. Más allá, sólo un poco más allá, había oscuridad. Y eso fue lo que percibió el Creador. Por eso hubo un momento de espera. De meditación. De contemplación creativa Y otra palabra fue pronunciada. Y las luces partieron presurosas a iluminar al Universo entero. Fue una gran explosión. Como de millones de soles.

Y el Universo nunca fue el mismo jamás. Ahora había estrellas y galaxias. En cada galaxia había millones de soles. Y cada sol podía emanar millones de luces. Y de uno de esos soles, partió nuestra chispita. Y viajó y viajó, por millones de años.

Hasta que un día, descendió a su hogar. Era un bello planeta… De color azul. Con nubes y mares, con bosques y montañas. Y ahí, se enamoró. Era la casa de su Padre. Era la casa que le había regalado. Y entendió muchas cosas.

Había llegado con otras chispitas. Juntas deberían cuidar de esa casa. Deberían hacerla bella y completar todo lo que el Creador les había indicado que hicieran. Tenían, pues, una misión. La misión de hacer de esta casa un lugar como Dios la quería. Cuando eso ocurriera… él las visitaría.

Dios mismo bajaría para estar con ellas y disfrutar juntos de eso que ellas habían construido, para Él. Y entonces trabajaron afanosamente. Por millones de años. Y como parte de ese trabajo. Nacieron nuevos animales y nuevas plantas, nacieron los seres humanos y las ciudades.

Y las chispitas, se metieron en los cuerpos de algunos hombres y mujeres… y convivieron con los otros hombres y mujeres que habían nacido de otras chispitas que no habían hecho el mismo viaje. Pero todos juntos disfrutaban del mismo bello planeta azul. Hasta que algunos empezaron a recordar que había que preparar la casa para que la visita que Dios había prometido pudiera darse. Y entonces el trabajo empezó a acelerarse. Hubo un gran alboroto y alegría. Dios venía de visita.

Algunos querían trabajar pero otros decían que era una mentira. Que Dios no podía bajar a un planeta tan insignificante. Si no lo había hecho durante tantos años, no lo iba a hacer ahora. Entonces, sólo unos cuantos empezaron a trabajar. Y otros muchos a criticar. Hasta que el tiempo los alcanzó. Y bajó el enviado que Dios había mandado para que preparara las cosas.

Y ese enviado llamó a los que sabían de la visita para organizar todo. No llamó a los que no creían. ¿Para qué? …ellos no creían. Sólo trabajó con los que sabían que Dios venía. Lo primero que hizo fue ver como estaba el mundo. Fue su primera visión. De ahí reconoció a los que sabían y estaban trabajando para que Dios llegara pronto. Luego decidió, marcar un camino. Eso era importante porque había mucha confusión y muchas voces que hablaban al mismo tiempo y decían muchas barbaridades.

Después hizo un llamado a los que recordaban. A las chispitas que todavía vibraban dentro de los hombres y las mujeres. Los llamó para que hablaran a las nuevas chispitas que empezaban a crecer, y les dijeran que el tiempo de la visita había llegado. Que había que arreglar la casa.

Después consideró que había que hablarles a todos, aunque no entendieran mucho, pero era necesario que se sacudieran algunas cosas que tenían en sus mentes y los confundían. Al final, en su último mensaje. Este enviado, quiso dejar claro cómo eran las cosas en el cielo. Tuvo que quitar algunas máscaras. Y hubo muchos que se enfadaron. Se sintieron agredidos. Porque sus mentiras eran bellas y les daban muchos seguidores. Los hacía sentir importantes.

Pero no podía haber algo más bello que la verdad. Y la luz no puede convivir con la oscuridad. Después , sus palabras cambiaron, el trabajo había empezado. Ya no iba haber más llamados. El grupo de chispitas originales había sido identificado. Todas ellas trabajaban juntas con la misma alegría que sintieron en aquél mágico momento cuando Dios las había creado.

Ahora estaban ocupadas preparando la visita. Mientras otras muchas chispitas, sin saber lo que pasaba seguían jugando a inventar historias donde la fantasía y el error, se combinaban para divertir a todos.